Hace tiempo que no escribo

Lo que no deja de ser curioso, porque en agosto empecé una mentoría de negocios online, por lo que se supone que debería haber estado a tope en las redes sociales, en el blog, intentando crear contenido periódico para dar una imagen a mi marca…

Y lo que sucedió fue exactamente lo contrario: me bloqueé, no sabía qué escribir que aportase valor, ¿y si se me acaban las cosas sobre las que escribir?

Así que, en un giro (no) inesperado, desaparecí de la capa de la tierra (bueno, sólo online, pero para el caso viene a ser casi lo mismo, ¿no?)

Me siento culpable por no escribir

Durante estos meses en los que he estado ausente del blog, no ha habido ni un solo día en el que no haya pensado en el blog.

Toda la retahíla de deberías daba vueltas en mi mente como una lavadora en el ciclo de centrifugado. Te puedes imaginar que terminaba mareada, con náuseas y desorientada. Porque sí, soy superbuena en esto de somatizar mis emociones y, si no estoy sintiéndome bien mentalmente, tampoco estoy bien físicamente. (Como todo el mundo, ¿no?)

Pero cuanto más tiempo hace que no escribo, menos escribo

Parece ilógico, pero en su lógica retorcida toma completamente sentido en mi cabeza: total, si ya hace un mes que no escribo, pues qué más da si no escribo durante dos meses, tres meses… dos años.

Porque a ver cómo vengo yo ahora aquí al blog y te explico que, lo que te dije en mayo, pues que ya no y ahora me voy por otro camino que, aunque tiene todo el sentido para mi, no sé cómo explicarte para que me tomes en serio y no salgas huyendo.

Me da vergüenza decirte que he cambiado one more time

Este blog empezó con la intención de hablar de coaching, de qué influencia tenía el coaching en mi vida y de regalarte preguntas para hacerte reflexionar…

Lo que pasa es que, después de unos meses, escribir solo de coaching se me hizo cuesta arriba (a pesar de que tengo más de 20 posts escritos que nunca publiqué…).

¿Y qué hice?

Pues en lugar de empezar a escribir de otra cosa, desparecí. Durante dos años.

Haciendo fast forward a junio de este año, decidí retomar el blog. Había terminado de escribir mi segundo libro y, en todos los blogs sobre escritores parecía ser fundamental tener un blog de escritor. Pensé en crear algo completamente diferente, pero pensé: “A ver, tienes este blog aquí muerto de risa. Aprovecha y lo revives.” Así que, durante un par de meses estuve escribiendo de todo un poco…

Hasta que descubrí el concepto de multipotencialidad. Empecé a investigar, a hacer coaching para entender qué significaba el concepto para mi y me lancé de cabeza a la mentoría de negocios para multipotenciales que te he comentado antes.

Como multipotencial, estoy acostumbrada al cambio

Como decía Heráclito, mi filósofo favorito, “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Es decir, lo único constante es el cambio.

Y, como multipotencial, yo sé qué significa eso. He cambiado de intereses, de hobbies y de camino más veces de las que puedo recordar.

Yo no tengo ningún problema conmigo misma en dar por terminado algo que ya no me interesa (por ejemplo, cuando dejé de correr maratones) y empezar con algo que ahora mismo me llene más.

Sin embargo, la vergüenza al qué dirán a veces me paraliza

Quizás estarás pensando: “Pues vaya coach, que dice que se preocupa con lo que puedan pensar los demás”.

A ver, te voy a decir un secreto: los coaches también somos personas. Chocante, ¿verdad? (Ya sé que no, y que pensarás que eso ya lo sabías, pero me he encontrado con muchísima gente que se cree que, por ser coach, ya sólo ves la vida de color de rosa y crees que no hay nada que te pueda parar… y tú y yo sabemos que eso son gilipolleces.)

Pues sí, me daba vergüenza venir aquí, al blog, y decirte: he vuelto a cambiar.

Lo principal, he cambiado el idioma de la web. Es algo que me ha costado muchísimo hacer, porque sentía que, cambiando del catalán al castellano, en cierta manera estaba traicionando mi identidad.

Estaba dejando de ser auténtica.

Y, en este sentido, tuve una conversación muy interesante con mi mentora en la que llegué a la conclusión de que ser auténtica radica más en el mensaje de fondo, en lo que quiero transmitir, que en el idioma que use.

¿Cómo combatir esta vergüenza?

Todavía no he encontrado la respuesta a esta pregunta, y me da la sensación de que quizás no la encuentre nunca.

Pero, por el momento, estoy aquí.

He vuelto, he dado la cara y estoy compartiendo contigo los cambios que se están produciendo en mi vida.

Estoy siendo honesta

Contigo y, lo que es más importante, conmigo.

No es fácil y muchas veces no es glamuroso.

Pero es así como quiero vivir mi vida. Porque tengo claro que voy a seguir cambiando toda mi vida

¿Y tú, cómo te relacionas con el cambio?

Me encantará leerte en los comentarios.

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Foto: Matt LaVasseur

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